El artículo supone una fuerte crítica al abuso
reiterado, tanto por los actuales gobernantes del Ayuntamiento
(PP) como por los anteriores (PSOE), de la figura de la modificación
puntual de las normas subsidiarias (NN.SS.) cada vez
que se tramita y aprueba el desarrollo de las diferentes unidades
urbanísticas que las componen. De tal manera que, cuando
las NN.SS. se hayan desarrollado completamente, no
existe parecido alguno entre lo planificado
y aprobado inicialmente y lo edificado al final.
Lo grave del asunto es que tales modificaciones puntuales no
obedecen a intereses municipales sino que son
propuestas que sólo benefician a los promotores
urbanísticos.
También se habla del aumento de la edificabilidad que se aprobó el año pasado que supuso su multiplicación por 6 del suelo rústico especialmente protegido, es decir, casi todo pues en Guadalix todo lo que no es edificable es rústico especialmente protegido. Así mismo habla de la modificación aprobada de la ordenanza del casco urbano que permite la edificación de bloques de vivienda en altura.
Otro tema que al diario le parece especialmente grave es la aprobación del convenio denominado “Prado de la Noria” que supone la sustitución de 28 chalets por 126 pisos, a pesar de contar con el informe desfavorable del Servicio de Evaluación Ambiental de la Comunidad de Madrid, beneficiándose de ello la empresa promotora, presuntamente vinculada muy directamente a un concejal del PSOE, como quedó patente en el propio pleno en que se aprobó este convenio.
Por último, destacamos la exposición que hace de la escalada
de precios que viene sufriendo toda la vivienda, la nueva y la
usada, que en cuestión de meses duplican sus precios.
Curiosamente, el PP justifica la construcción de pisos
en bloques de viviendas en altura, bajo
el argumento de su “menor costo de construcción”,
extremo este que, sin embargo, no concluye en un menor precio final de
la vivienda.
Muy al contrario, los precios por metro cuadrado de los pisos son un
20% más altos que el de los chalets, aportando, por lo tanto, mayores
plusvalías para los promotores (a los que, no
olvidemos, ya les ha costado menos construir cada metro
cuadrado de piso), detrayéndolas y, en definitiva, abusando
aún más, de quien menos recursos económicos tiene
que son los que optan por comprar esos pisos por no poder
acceder al prohibitivo precio de los chalets.
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municipales.
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